La importancia y calidad de los servicios culturales y turísticos que prestan las instituciones públicas y privadas ha sido un esfuerzo constante que nadie puede dudar; aunque en algunas ocasiones y diversos lugares del mundo estos esfuerzos no han estado a la altura de las necesidades y demandas específicas de la población.
Dada la importancia de estos servicios, las políticas públicas relacionadas con la cultura, el turismo y programas sociales en general, han llevado a la adecuación y/o creación de espacios dedicados al desarrollo de programas y actividades de contenido cultural y turístico, donde el tiempo de ocio y recreación es un aspecto fundamental.
Es importante destacar que el ciudadano de hoy busca constantemente esos espacios de ocio y recreación que le brinden experiencias satisfactorias. Los ciudadanos se apropian temporalmente de estos espacios públicos y privados para interrelacionarse con su entorno y disfrutar de diversas propuestas para el tiempo libre y de ocio.
También podemos apreciar cómo, en algunas ciudades, las calles y los espacios de ocio y recreación están abandonados, debido a circunstancias como la violencia, la inseguridad o casos de insalubridad. Esta circunstancia ha ocasionado una variación significativa en los hábitos de ocio y recreación y, por tanto, en las pautas de comportamiento de algunas sociedades. En estos casos, el desarrollo del tiempo de ocio y recreación por parte de los individuos queda sujeto y condicionado a espacios cerrados que puedan considerarse seguros; siendo con frecuencia el interior de las viviendas propias, de familiares y amigos, los espacios más apropiados y escogidos finalmente. Los ciudadanos abandonan paulatinamente espacios públicos que le pertenecen como ser social y se observa el fracaso de propuestas de ocio y recreación en espacios públicos y privados debido a las debilidades del entorno.
El hogar es el principal equipamiento de ocio y recreación para personas de todas las edades. Siempre existirán propuestas en el mercado que nos lleven a disfrutar de nuestros espacios más íntimos y familiares.
Mientras, las instituciones públicas apoyadas por agentes y actores sociales, deben establecer y desarrollar estrategias para ofrecer a los ciudadanos espacios dignos y acordes a sus necesidades. Favorecer la ocupación y el disfrute de los espacios públicos que permitan la interacción de los ciudadanos.
Según el profesor Ademir Müller de Brasil, y basando su estudio en los trabajos de Giraldi Santini, el hombre se está limitando a un espacio mínimo para su supervivencia, una circunstancia que afecta su calidad de vida y su condición como ser social.
Con el aumento de la población, principalmente en las grades ciudades, las áreas verdes y los espacios de ocio y recreación son cada vez más escasos; siendo necesario contar con una legislación que proteja al medio ambiente y propicie el mantenimiento y la proliferación de importantes áreas verdes en estas ciudades; y fomentar áreas diseñadas y adecuadas para el desarrollo de actividades deportivas, de ocio y recreación o para el simple disfrute de encontrarse con y sentirse rodeado de la naturaleza.
Por el contrario, muchos espacios públicos han sido ocupados para dar respuesta a otras demandas específicas de la población: construcción de viviendas, carreteras y otros espacios de servicios para fines económicos; políticas de desarrollo que en cierta medida han limitado significativamente las áreas y campos de acción pública que pueden ayudar a mejorar y/o fomentar la calidad de vida de sus habitantes.
Para la supervivencia del hombre se hacen necesarios algunos elementos básicos, tales como el agua, la alimentación y el aire. Sin embargo, muchas veces nos olvidamos de un elemento sin el cual el hombre no es capaz de vivir: el espacio (Santini, 1993). Este espacio, o “espacio propio” de cada persona, es un sentimiento complejo ya que éste se convierte en un elemento necesario para el bienestar psicológico, además de ser una necesidad social.
En muchas ciudades constatamos cómo los espacios libres son cada vez menores. Las exigencias de espacios para fines económicos y servicios aumentan significativamente, siendo poco factible la libre utilización de estos espacios por parte de la población; son áreas controladas por terceros, no teniendo el ciudadano común la autonomía para disfrutar del espacio conforme a su voluntad.
El hombre transforma el espacio natural, que se torna una apreciación cultural, pudiendo ser organizado de diversas maneras conforme a la complejidad y sofisticación tecnológica del grupo que en él se instala. Ese espacio organizado y animado es el medio ambiente, el cual está constituido de un medio físico, estético y psicológico (Ademir Müller, 2002).(1)
Siguiendo los estudios de G. Santini, las relaciones humanas se originan por situaciones determinadas:
1. Territorialidad: es la forma de defensa del territorio. El hombre inventó varias maneras de defender lo que considera suyo, como por ejemplo, la propia tierra o su residencia, que está protegida legalmente por las autoridades, existiendo así una gran diferencia entre propiedad particular (un individuo) y propiedad pública (grupo).
2. Distancia crítica: es un espacio a nuestro alrededor que cuando es invadido nos incomoda. Sería un espacio estrecho separando la distancia de fuga de la de ataque. Se compara con el momento en que una persona desconocida le pide una información pero se aproxima mucho a su rostro. La reacción automática es apartarse. Esto sería la invasión de la distancia crítica, que dependerá de la cultura, de la situación y de la persona.
3. Espacio crítico: todos los animales tienen una exigencia mínima de espacio, sin el cual la supervivencia es imposible. El ser humano sólo consigue vivir en multitud si tiene un determinado desapego de ella. Solamente es posible una vida normal si ocurren contactos con un número limitado de personas.
4. Alcantarillado comportamental: una teoría simplista para resolver el problema sería eliminar algunos individuos, mas como eso no es imposible se precisa tener una jerarquía social y una organización. El ser humano necesita permanecer solo por algunos instantes, no consiguiendo sobrevivir en total desorden en una aglomeración, pues el desorden perjudica funciones sociales del hombre llevando a la desorganización. La territorialidad pasa a ser irrespetada en el caso que no sea mantenida a la fuerza. Todos los síntomas, en ese caso, colaborarían para que ocurriera un colapso de la población o hasta la misma muerte en masa.
Sería importante tener en consideración estos espacios y su relación con el tiempo de cada persona, al desarrollar nuestras propuestas con el objetivo de responder a las demandas y necesidades de cada persona y sociedades que demandan diversas propuestas de ocio y recreación y, sobre todas estas cosas, un entorno seguro y apropiado que favorezca la calidad de vida del individuo y, por consiguiente, el desarrollo de una sociedad libre.
Autores: Geraldine Rodríguez España - Antonio Santos del Valle

